Todo los días, Berta se sentaba en el banco
del patio con sus cuatro hijos idiotas. Hacía cuatro meses que sus hijos habían matado a su hija
como a una gallina. Berta nunca fue la
misma después de esta tragedia. El día después del funeral de su hija, ella
empezó a sentarse al lado de sus hijos y con las mismas expresiones de ellos: con la lengua entre los labios, los ojos estúpidos, y volviendo la cabeza con la boca abierta. Todo el mundo pensaba que Berta estaba perdida.
Un día, su marido Mazzini le dijó --¡Berta! Tienes que hacer algo. No puedes sentarte todo el tiempo como una niña. Eres una madre, por favor, haz algo de madre. –Berta miró a su marido como si el no
estuviera.
Pero Berta lo había oído. Y ella sabía que tenía que hacer algo. Porque
los niños malcriados, sin embargo idiotas, necesitan entender sus crimenes. Pero Berta no se movió y Mazzini se fue a un bar donde el había pasado todos las noches solo después de la tragedia, tomando hasta estar totalmente borracho.
Al día siguiente, Mazzini pasó su familia de idiotas en el banco del patio, sentados como siempre. El se fue a su trabajo, como siempre. El no había notado que había algo diferente en los idiotos esta
mañana. Cuando Mazzini ha salido y la sirvienta se fue al mercado, Berta se levantó del banco, y sus hijos se levantaron como chicos muy educados, y caminaran atrás de su madre. No era que ellos han cambiado sus modales, era porque han sido atados juntos, mano a mano y los arrancó.
Berta los guió al bosque. Era un día lindo y ella canto y buscó flores que puso en su pelo y buscó piedras que puso en sus bolsillos. Los idiotas, que siempre imitaban cualquier persona que veían, hicieron lo mismo. Así pasaran el día muy felices.
En la tarde, llegaron a un rió. La madre dijo –¡Que lindo lugar para nadar! –Y se metió en el agua. Los otros, atados a ella, se metieron también. Poco a poco, Berta caminaba en el agua mas profunda, riéndose todo el tiempo. Los chicos no veían que ella se sacaba las piedras en sus bolsillos. Entonces, cuando estuvieron llegaron al profundo, ellos se hundieron. Berta dejo la ropa y nadó al otro lado del río.
Ella caminó, siempre mirandon de frente,
nunca atrás. Nadie de su pueblo la vio otra vez.
Estoy impresionado. Has conseguido que me olvide de corregir para preguntarme qué iba a pasar al final de la historia.